Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

No traía ramo. Traía las manos en los bolsillos y la cara de quien ofrece una última sensatez.

—Cinco minutos, Juana. Sin abogados, o con ellos si te da miedo estar a solas con tu marido.

—Habla aquí —dijo mi padre.

Randy ni lo miró.

—Firma el acceso. Te dejo la casa para vivir, ellos construyen el camino, y yo desaparezco de tu vida. A cambio, Marina deja de presentarse como mi esposa muerta. El seguro ya se usó en deudas. Removerlo hunde a Eden y, de paso, a Rosa, porque el lote queda atado a esa historia. Tú no quieres hundir a una vieja. Eres buena. Siempre fuiste buena hasta que tu padre te metió cuentos.

—Rosa no está atada a tu seguro —dijo Marina—. Está atada a su puerta, y hoy tu madre intentó abrirla con una llave sacada de una maceta.

Randy se encogió de hombros.

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