Marina apretó los puños.
—Hay algo peor. Hace dos días vi a Randy frente a la clínica donde me atendieron. No entró. Solo miró el letrero, como quien comprueba que un sitio sigue existiendo. Si Eden ya sabe que no morí, Randy va a querer el único papel que guardé: una carta que escribí la semana en que desaparecí. La última página está en la caja fuerte de tu casa, Juana. Él me la quitó del bolso antes de que yo entendiera que no iba a volver esa noche. Las primeras páginas las tiene una vecina de Rosa, doña Nélida, que barre la escalera al amanecer. Sin la última, parezco una mujer asustada. Con la última, se lee lo que ellos querían que yo firmara y lo que me pasó cuando dije que no.
Mi padre guardó silencio, el mismo silencio de juez que yo de niña confundía con frialdad. Luego habló.