Mi vida es diferente.
Ya no escondo mi identidad.
Tampoco siento la necesidad de demostrar mi valor mediante mi fortuna.
He aprendido a rodearme de personas que me respetan por mis decisiones, mi carácter y la manera en que trato a los demás.
Adrian siguió su propio camino.
Supe que consiguió empleo en una empresa más pequeña y que comenzó a reconstruir su carrera.
No volvimos a estar juntos.
Pero tampoco deseo que fracase.
Espero que haya aprendido algo de lo ocurrido.
Porque perder un puesto puede ser doloroso.
Pero perder la capacidad de respetar a los demás es mucho peor.
A veces todavía conservo la pequeña bolsa donde guardé los restos de mi vestido azul.
No la mantengo por rencor.
La conservo como un recordatorio.
Durante siete años había confundido el sacrificio con el amor.
Pensaba que, si trabajaba más, cedía más y exigía menos, nuestro matrimonio sería más fuerte.