—Yo nunca firmé eso.
Daniel me observó seriamente.
—Entonces tenemos un problema más grande.
Mi nombre es Sophie Bennett.
Tengo treinta y cuatro años y soy arquitecta.
Antes de casarme con Andrew había trabajado durante casi una década para comprar un pequeño departamento en Chicago.
También había heredado una propiedad de mi abuela en Wisconsin.
No era millonaria.
Pero tenía estabilidad financiera.
Andrew era vicepresidente de operaciones en Harrington Financial Group.
Cuando nos conocimos, parecía un hombre responsable, atento y trabajador.
Me llevaba flores.
Recordaba mis cumpleaños.
Y hablaba constantemente de construir una familia.
Nos casamos dos años después.
Durante nuestro primer año de matrimonio, todo parecía perfecto.
Pero seis meses antes de aquella cena comenzó a cambiar.
Viajaba más.
Llegaba tarde.
Guardaba su teléfono bajo la almohada.
Y cada vez que le preguntaba qué ocurría, respondía: