Acepté.
Nos encontramos en una cafetería pequeña cerca del lago Michigan.
Durante varios minutos hablamos de cosas sencillas.
Del clima.
Del trabajo.
De los lugares que queríamos visitar.
Finalmente Daniel sonrió.
—¿Sabes qué es lo más extraño de todo esto?
Lo miré.
—¿Qué?
—Que aquella noche fui al restaurante pensando que iba a descubrir una infidelidad.
Asentí.
—Y terminaste encontrando algo mucho peor.
Daniel respiró profundamente.
—Sí.
Después me miró.
—Pero también conocí a alguien que me recordó que todavía existen personas honestas.
Sentí que las mejillas se me calentaban.
Sonreí.
—Gracias.
Daniel levantó su taza.
—Por los nuevos comienzos.
Choqué suavemente mi taza con la suya.
—Por los nuevos comienzos.
No comenzamos una relación inmediatamente.
Ambos necesitábamos tiempo.
Durante meses fuimos amigos.
Hablábamos ocasionalmente.
Salíamos a caminar.
Y aprendimos a disfrutar de nuestra compañía sin expectativas.