TRECE AÑOS DESPUÉS DE ABANDONARME CON NUESTROS GEMELOS RECIÉN NACIDOS, MI EXESPOSO ME GRITÓ: «¿CÓMO TE ATREVES A VENIR AQUÍ?». NO RECONOCIÓ A LOS DOS MUCHACHOS QUE ESTABAN DETRÁS DE MÍ. MINUTOS DESPUÉS, CUANDO LOS LLAMARON AL ESCENARIO PARA RECIBIR DOS MEDALLAS DE ORO, SU ROSTRO CAMBIÓ POR COMPLETO.

Alejandro apareció un par de veces a lo lejos.

Siempre acompañado de Patricia.

No se acercó.

Yo tampoco.

Cuando finalmente anunciaron que comenzaría la ceremonia de premiación, entré al auditorio.

Había cientos de personas.

Familias.

Maestros.

Directivos.

Estudiantes.

Y representantes de distintas instituciones educativas.

Encontré un asiento cerca del pasillo.

Desde allí podía ver el escenario.

Los participantes estaban sentados en las primeras filas.

Daniel y Mateo se encontraban juntos.

Los dos parecían nerviosos.

Mateo movía una pierna constantemente.

Daniel tenía las manos entrelazadas.

Cuando me vieron, levanté los pulgares.

Mateo sonrió.

Daniel respiró profundamente.

Después comenzó la ceremonia.

Entregaron reconocimientos por participación.

Menciones especiales.

Medallas de bronce.

Y medallas de plata.

Aplaudí a cada estudiante.

Sabía cuánto esfuerzo había detrás de aquellas horas de preparación.

Entonces llegó la categoría de matemáticas aplicadas.

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