A su lado estaba la mujer por la que me había abandonado.
Y junto a ellos, un adolescente vestido con el uniforme impecable de una escuela privada.
Mi exesposo se llamaba Alejandro Villarreal.
Yo soy Elena Mendoza.
Y los dos muchachos que estaban a menos de dos metros detrás de mí eran nuestros hijos.
Sus propios hijos.
Los mismos que no había visto desde que eran bebés.
—Estoy aquí por mis hijos —respondí tranquilamente.
Alejandro soltó una risa despectiva.
—No empieces con tus escenas, Elena. Hoy es un día importante para mi familia.
Aquellas palabras me atravesaron.
Mi familia.
Como si los dos niños que había dejado atrás no hubieran formado parte de ella.
Como si trece años de ausencia pudieran borrar su existencia.
No discutí.
Me volví hacia mis gemelos.
—Vamos, muchachos. Tenemos que registrarnos.
Daniel y Mateo me siguieron.