TRECE AÑOS DESPUÉS DE ABANDONARME CON NUESTROS GEMELOS RECIÉN NACIDOS, MI EXESPOSO ME GRITÓ: «¿CÓMO TE ATREVES A VENIR AQUÍ?». NO RECONOCIÓ A LOS DOS MUCHACHOS QUE ESTABAN DETRÁS DE MÍ. MINUTOS DESPUÉS, CUANDO LOS LLAMARON AL ESCENARIO PARA RECIBIR DOS MEDALLAS DE ORO, SU ROSTRO CAMBIÓ POR COMPLETO.

Recordé nuestra cocina.

Los bebés llorando.

La maleta junto a la puerta.

Y la frase con la que se había despedido.

«Tú siempre has sabido cuidarlos».

Pero el hombre frente a mí ya no era el mismo de mis recuerdos.

O quizá sí lo era.

Sólo tenía más años.

A su lado estaba Patricia.

La reconocí inmediatamente.

Había visto fotografías de ella cuando descubrí la infidelidad.

Ahora llevaba un vestido elegante y sostenía un bolso de diseñador.

Junto a ambos estaba un muchacho de aproximadamente doce años.

Su uniforme tenía el escudo de una escuela privada.

Alejandro miró mi ropa.

Después mi bolsa.

Y finalmente mi rostro.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a la competencia.

Su expresión cambió.

—No me digas que me estuviste siguiendo.

Lo miré incrédula.

—¿Perdón?

Se acercó un poco.

Bajó la voz.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *