—Richard le dijo que quería ayudarla porque tenía una hija enferma. Le prometió que se ocuparía de todos sus gastos. Pero esa niña no existía.
—¿Cómo lo sabes?
Margaret me miró con una expresión que jamás olvidaré.
—Porque utilizó el nombre de nuestra hija muerta para inventar aquella historia.
Sentí que el estómago se me revolvía.
Entonces Margaret sacó su teléfono y me mostró un mensaje.
Era de Richard.
Lo había enviado esa misma mañana.
«Margaret, por favor, no hagas ninguna tontería. Si hablas con Emily, recuerda que ambas tenemos mucho que perder».
—¿Qué significa eso? —pregunté.
Margaret bajó la mirada.
—Significa que Richard ha estado utilizando nuestro dinero para mantener sus relaciones. Y cuando le dije que quería divorciarme, me amenazó con arruinarme económicamente.
Me quedé mirando la pantalla.
Pero había algo que no encajaba.