Pero todavía quedaba una pregunta.
¿Quién cuidaría de Daisy?
La respuesta llegó de una manera inesperada.
Una tarde, Marcus llamó a Elijah.
—Tengo noticias.
El muchacho dejó de reparar la bicicleta en la que estaba trabajando.
—¿Sobre Daisy?
—Sí.
—¿Está bien?
—Está recuperándose. Ha ganado peso y las heridas del cuello están cicatrizando.
Elijah soltó un suspiro.
—Gracias a Dios.
Marcus sonrió.
—Y hay algo más.
La abuela de Elijah había solicitado formalmente adoptarla.
Había presentado los documentos necesarios y aceptado una evaluación del hogar.
Después de comprobar que podían ofrecerle un ambiente seguro, la solicitud fue aprobada.
Elijah se quedó sin palabras.
—¿Está diciendo que…?
—Que Daisy podrá vivir contigo.
El muchacho comenzó a llorar.
Su abuela, Margaret Vance, lo abrazó.
—Ya tenemos suficiente espacio para una más —dijo sonriendo.
Elijah la miró.
—Abuela, ¿estás segura?