David estaba acostumbrado a regresar a casa y encontrar una cena sin tener que preocuparse por comprar ingredientes, cocinar o limpiar.
Aquello no sucedía por casualidad.
Existía un servicio contratado, una cuenta desde la que se realizaban los pagos y una persona que se había ocupado de mantenerlo funcionando.
Esa persona era yo.
Cancelé las siguientes entregas y comprobé la confirmación.
Luego revisé el paquete semanal del supermercado.
Incluía carne de primera calidad, mariscos importados y varios productos especiales que Evelyn acostumbraba pedir.
No eran compras esenciales.
Eran comodidades que yo había permitido porque podía hacerlo y porque quería evitar discusiones.
Cancelé también ese servicio.
Me quedé unos instantes contemplando las confirmaciones.
Era curioso.
Durante años había pensado que demostrar amor consistía en facilitarles la vida a las personas importantes para mí.
Nunca había imaginado que llegaría el día en que tendría que dejar de hacerlo para descubrir si esas personas me respetaban.