Y en aquella ceja levantada que había despertado una sospecha imposible de ignorar.
No quería otra explicación sobre la importancia de la fortuna familiar.
No quería escuchar nuevas justificaciones sobre el prestigio, las propiedades o los negocios.
Quería conocer las palabras de Naomi.
Las que había intentado hacerle llegar mientras esperaba a aquellos niños.
Al otro lado de la línea, Martin comenzó a leer.
—Preston, si algún día llegas a recibir esta carta, necesito que sepas que…
Y en ese instante, el hombre que había construido una fortuna de cientos de millones comprendió que la decisión más importante de su vida podía depender de unas palabras que alguien había mantenido fuera de su alcance durante cinco años.
La verdadera pregunta ya no era cuánto dinero había perdido al cancelar aquel negocio.
Era cuánto de su propia vida había perdido sin saberlo.