No había nada extraordinario en la panadería.
El olor del pan recién horneado llenaba el local y los pasteles estaban colocados detrás de una vitrina de cristal.
Un hombre mayor atendía el mostrador mientras una mujer revisaba cuidadosamente unas monedas.
Preston se habría marchado sin prestar demasiada atención si no hubiera reconocido el rostro de aquella mujer.
Naomi Vance.
Su exesposa.
La mujer con la que había estado casado antes de convencerse de que el éxito empresarial era más importante que cualquier otra cosa.
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Hacía cinco años que no la veía.
Durante ese tiempo había imaginado en algunas ocasiones cómo sería su vida, aunque nunca había hecho nada para averiguarlo.
Suponía que habría continuado trabajando, que quizá se habría mudado o que tal vez habría encontrado a otra persona.