Le Quedaban Siete Días De Vida Y Escribió Al Mafioso Equivocado-aurelle

Yo también dejé de contar ciertas cosas.

Me cansaba repetir que no estaba mejor.

Me cansaba escuchar que debía mantenerme positiva.

Me cansaba sentir que mis noticias siempre obligaban a los demás a ponerse tristes.

Así que aprendí a decir que todo estaba bien.

Incluso cuando no era verdad.

Con los años, aquella respuesta se convirtió en una costumbre.

Y una costumbre puede acabar convirtiéndose en una distancia que nadie sabe cómo atravesar.

El médico volvió a preguntarme si estaba segura de poder regresar sola.

Le dije que sí.

No quería que llamara a nadie.

Todavía no.

Necesitaba escuchar mis propios pensamientos antes de enfrentarme al dolor de otras personas.

Recogí mis medicamentos.

Guardé los documentos médicos.

Me puse el abrigo.

Y salí del consultorio intentando caminar como si aquella fuera una tarde cualquiera.

En la calle, Nueva York seguía funcionando.

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