La miré directamente.
—Chloe necesita adultos que la quieran y la hagan sentirse segura.
Vanessa cruzó las piernas.
—No deberías involucrarte. Tú tienes tu propio bebé en camino.
Aquella frase me llamó la atención.
—¿Qué quieres decir?
Se inclinó hacia delante.
—Julian me contó que vas a tener un hijo suyo. Te felicito. Pero no confundas eso con tener derecho sobre mi hija.
Me quedé en silencio.
—Nunca he dicho que tenga derechos sobre Chloe.
Vanessa sonrió.
—Perfecto. Entonces mantente al margen.
Se levantó y se dirigió a la puerta.
Antes de salir, añadió:
—Por cierto, Chloe me contó que te llama mamá de vez en cuando. Deberías corregirla. Puede resultar confuso.
Cuando la puerta se cerró, me quedé mirando el escritorio.
No sentía celos.
No quería competir con Vanessa.
Solo quería que Chloe dejara de sentirse responsable de los problemas de los adultos.