—No puedo cambiar lo que pasó. Pero quiero que sepas algo: no importa lo que ocurra con tu padre biológico. Si tú me permites seguir formando parte de tu vida, voy a estar aquí.
Kaylee permaneció inmóvil unos segundos.
Después se acercó y lo abrazó.
No fue un abrazo que solucionara todo.
Pero fue el primero desde aquella noche en el gimnasio.
Durante los meses siguientes, Kaylee intercambió algunos mensajes con su padre biológico. Finalmente decidió reunirse con él en un lugar público, acompañada por mí.
La conversación fue tranquila, aunque difícil.
Él pidió perdón por su ausencia.
Kaylee lo escuchó, pero no prometió una reconciliación inmediata.
Cuando regresamos a casa, Travis estaba preparando la cena.
—¿Cómo te fue? —preguntó.
—Bien, supongo.
—¿Quieres hablar?
—Tal vez después.
—Aquí estaré.
Kaylee sonrió ligeramente.
Aquellas dos palabras, tan sencillas, significaron mucho más de lo que Travis imaginaba.