No destruí la vida de mi hijo. Simplemente dejé de utilizar la mía para sostener sus mentiras.
Porque hay una lección que toda madre debería recordar:
Puedes darles a tus hijos una casa, una educación, oportunidades y todo tu amor.
Pero nunca debes enseñarles que tienen derecho a destruirte porque tú los amas.
El amor de una madre puede ser incondicional. Su dignidad nunca debería ser negociable.