—Perdóname, Noé. Perdóname por haber tardado nueve años en encontrarte. Pero te juro por lo más sagrado que jamás, mientras me quede un suspiro de vida, volverás a pasar frío, ni te faltará un médico, ni una medicina, ni un solo libro.
Daniel se puso de pie despacio y miró a Emily directamente a los ojos.
—Sé que no merezco tu perdón, y no te estoy pidiendo que vuelvas conmigo ni que borres el pasado con una varita mágica. Solo te pido que me dejes ser su padre. Quiero pagar los mejores especialistas, los tratamientos de rehabilitación y estar presente en cada cumpleaños, en cada consulta y en cada tarea de la escuela. Déjame ganarme un lugar en su vida. Y si con el tiempo logro ganarme una pequeña parte de tu respeto de nuevo, será el mayor regalo que pueda recibir.