Y sonreí.
—Perfecto.
Parpadeó.
—¿Qué?
—Entonces no habrá boda.
Tomé las llaves de su coche.
—Voy a recuperar mi escritura.
Intentó quitármelas.
Me aparté.
—Esta propiedad no está a tu nombre. Tu hermano no tiene derechos sobre ella.
Después señalé la puerta.
—Y los tres van a salir de mi casa.
Patricia se puso roja.
—¿Estás echando a tu futura suegra?
—Usted dejó de ser mi futura suegra hace aproximadamente treinta segundos.
Diez minutos después estaban fuera.
Daniel gritó desde el pasillo:
—Cuando te tranquilices, me llamarás.
No lo hice.
Bajé al estacionamiento.
Recuperé la escritura del maletero.
Pero debajo había una carpeta.
Una tasación reciente de mi casa.
Una solicitud preliminar de financiamiento.
Y un documento donde Daniel se describía como “futuro copropietario”.
El destino del dinero decía:
“Apoyo habitacional para familiar directo.”
Sentí frío.
Daniel no estaba esperando nuestro matrimonio para construir una vida conmigo.