Dos días antes de casarme gané la lotería. Esa noche mi prometido quiso regalarle mi casa a su hermano

Salí de la oficina sintiendo que había envejecido y madurado al mismo tiempo.

Daniel estaba esperando frente a mi edificio cuando regresé.

No sé cuánto llevaba allí.

Parecía cansado.

—Necesitamos hablar.

—No.

—Laura.

—Ya hablamos.

—No. Tú me echaste y bloqueaste a todos.

—Después de que intentaron echarme de mi casa.

—No intentamos echarte.

—Mis cosas estaban metidas en cajas.

—Mi madre se adelantó.

—¿Y eso mejora algo?

Daniel se pasó una mano por el cabello.

—La boda es mañana.

—Ya no.

Su rostro cambió.

—¿Qué hiciste?

—Cancelé la cita.

—Sin hablar conmigo.

Me quedé mirándolo.

—¿Quieres repetir esa frase?

Se dio cuenta de la ironía.

—Esto es diferente.

—Sí. Yo cancelé una cita. Tú decidiste dónde iba a vivir después de casarme.

—Podíamos alquilar algo mejor.

—Entonces alquila algo mejor para Kevin.

Su mandíbula se tensó.

—No puedo permitírmelo.

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