Si hubiera sabido que era nuestra última conversación, le habría pedido que se quedara.
Le habría dicho que no tenía que protegerme de ninguna verdad.
Que podíamos enfrentar juntas cualquier problema.
Pero no tuve esa oportunidad.
Lo único que pude hacer fue escucharla cuando su voz finalmente llegó hasta mí.
A través de una pequeña memoria USB.
Escondida bajo los anillos de mi boda.
Y entregada por un niño que había cumplido una promesa a su madre.
Muchos me han preguntado qué fue lo más doloroso de aquella historia.
Algunos creen que fue descubrir que Douglas me había mentido desde el principio.
Otros piensan que fue cancelar mi boda frente a todos los invitados.
Pero no.
Lo más doloroso fue comprender que mi hermana había muerto sin saber si conseguiría advertirme.
Sin saber si yo estaría a salvo.