Me senté.
Ricardo no volvió a mirarme.
El juez le impuso una condena importante de prisión, considerando la gravedad de los delitos y su papel en la organización del plan.
Mauricio y Verónica también enfrentaron consecuencias penales en sus respectivos procedimientos.
Los asuntos civiles y familiares continuaron por separado.
Nuestro divorcio quedó concluido meses después.
El fideicomiso de Sofía permaneció protegido bajo su administración independiente, con medidas adicionales de seguridad recomendadas por Ernesto.
Vendí nuestra casa.
Algunas personas cuestionaron mi decisión.
Era hermosa.
Tenía ventanas enormes.
Un jardín perfectamente cuidado.
Una cocina llena de aparatos costosos.
Pero Sofía odiaba caminar por el pasillo del segundo piso.
Relacionaba la cochera con el vehículo de Mauricio.
Y yo no podía entrar a nuestra antigua habitación sin recordar aquella noche y la grabadora.
No necesitábamos una casa enorme.