—No.
Los investigadores intercambiaron una mirada.
—El inmueble está rentado mediante una empresa vinculada con su esposo.
Los observé sin comprender.
—Ricardo trabaja en inversiones financieras.
—Lo sabemos.
—¿Qué tiene que ver ese edificio con mi hija?
—Estamos investigándolo.
Odiaba aquellas respuestas prudentes.
Quería saberlo todo.
Quería que alguien me dijera qué habían hecho con mi pequeña.
Pero los investigadores no estaban dispuestos a afirmar algo sin pruebas.
Entonces Julián hizo otra pregunta.
—¿Su hija tiene algún patrimonio administrado mediante un fideicomiso?
Fruncí el ceño.
—Mi papá le dejó dinero para sus estudios.
—¿De cuánto estamos hablando?
—Alrededor de setenta millones de pesos.
La habitación quedó en silencio.
—Mi padre creó el fideicomiso antes de morir —expliqué—. Quería garantizar la educación y el futuro de Sofía.
—¿Quién administra esos recursos?
—Una institución fiduciaria, con supervisión conforme a las condiciones establecidas por mi padre. Su abogado ayudó a organizarlo.