Mi suegra me afeitó la cabeza mientras dormía…

Daniel apareció poco después.

Parecía aliviado.

Como si hubiera evitado una crisis.

—Sabía que podríamos resolverlo.

Mariana casi sintió lástima por él.

Casi.

—Claro que sí.

Terminó el agua.

Tomó las llaves.

Y salió.

***

A las nueve de la mañana estaba sentada en una sala de conferencias de cristal.

No en Recursos Humanos.

No para renunciar.

Sino en una reunión con los abogados corporativos de la empresa.

Sobre la mesa había varios documentos.

Estados financieros.

Contratos.

Registros de propiedad.

Todo perfectamente organizado.

Porque durante años Mariana había manejado mucho más que ventas.

Cuando la compañía había atravesado dificultades, ella había invertido.

Cuando necesitaban liquidez, ella había aportado capital.

Cuando otros dudaban, ella había firmado.

Lo que Daniel jamás entendió fue que aquel ascenso no era el premio.

Era la confirmación.

La confirmación de algo que llevaba años construyéndose.

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