EL NOVIO DE MI MADRE DE 72 AÑOS SIEMPRE SE IBA ANTES DE LAS 7:30 DE LA NOCHE, Y TODOS CREÍAMOS QUE TENÍA OTRA MUJER. PERO UNA NOCHE MI HIJA DE 15 AÑOS LO SIGUIÓ Y REGRESÓ LLORANDO, CON SU VIEJO MALETÍN ENTRE LOS BRAZOS. CUANDO LO ABRIMOS, MI MADRE SE LLEVÓ LAS MANOS A LA BOCA. ENTONCES MI HIJA SUSURRÓ: «ABUELITA, ESO NO ES LO PEOR. VI A QUIÉN LE LLEVA ESTAS COSAS TODAS LAS NOCHES».

Eligió un vestido color crema.

Cómodo.

Con pequeños bordados de flores.

Roberto llevaba una camisa blanca y pantalones claros.

Parecían dos personas que no necesitaban demostrarle nada al mundo.

Solamente querían compartir la vida que habían encontrado.

Lucía fue la encargada de llevar los anillos.

Caminó lentamente entre las sillas.

Sonreía tanto que parecía imposible que aquella fuera la misma niña que habíamos conocido en una cama de hospital.

Cuando Roberto comenzó a decir sus votos, Lucía hizo un rugido de dragón.

Todos soltamos una carcajada.

Él se volvió.

—¡Lucía!

La niña levantó los hombros.

—¡Fue Camila quien me enseñó!

Camila fingió no saber de qué hablaban.

Mi madre se rio hasta llorar.

Y aquella boda se convirtió en uno de los recuerdos más hermosos de nuestra familia.

Hoy, cuando pienso en todo lo ocurrido, todavía me sorprende la forma en que comenzó.

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