EL NOVIO DE MI MADRE DE 72 AÑOS SIEMPRE SE IBA ANTES DE LAS 7:30 DE LA NOCHE, Y TODOS CREÍAMOS QUE TENÍA OTRA MUJER. PERO UNA NOCHE MI HIJA DE 15 AÑOS LO SIGUIÓ Y REGRESÓ LLORANDO, CON SU VIEJO MALETÍN ENTRE LOS BRAZOS. CUANDO LO ABRIMOS, MI MADRE SE LLEVÓ LAS MANOS A LA BOCA. ENTONCES MI HIJA SUSURRÓ: «ABUELITA, ESO NO ES LO PEOR. VI A QUIÉN LE LLEVA ESTAS COSAS TODAS LAS NOCHES».

Yo me levanté inmediatamente.

—Nosotras también vamos.

Camila asintió.

—Sí, abuelita.

Mi tía Rosa tomó su bolsa.

—Pues claro que vamos todos.

Roberto nos miró como si no pudiera comprender lo que estaba ocurriendo.

—Pero ustedes no conocen a Lucía.

Camila se acercó.

—Entonces ya es hora de conocerla.

Él comenzó a llorar nuevamente.

Mi madre lo abrazó.

Y por primera vez entendí algo que antes no había querido ver.

Aquel hombre no estaba huyendo de nuestra familia.

Estaba corriendo cada noche hacia la única persona que no podía darse el lujo de perderlo.

Llegamos al hospital poco después de las ocho.

Roberto había avisado que se retrasaría unos minutos.

Una enfermera lo reconoció inmediatamente.

—Don Roberto, Lucía ya preguntó por usted.

Él apretó el maletín.

—Lo sé, señorita. Perdón por llegar tarde.

La enfermera observó a nuestro grupo.

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