EL NOVIO DE MI MADRE DE 72 AÑOS SIEMPRE SE IBA ANTES DE LAS 7:30 DE LA NOCHE, Y TODOS CREÍAMOS QUE TENÍA OTRA MUJER. PERO UNA NOCHE MI HIJA DE 15 AÑOS LO SIGUIÓ Y REGRESÓ LLORANDO, CON SU VIEJO MALETÍN ENTRE LOS BRAZOS. CUANDO LO ABRIMOS, MI MADRE SE LLEVÓ LAS MANOS A LA BOCA. ENTONCES MI HIJA SUSURRÓ: «ABUELITA, ESO NO ES LO PEOR. VI A QUIÉN LE LLEVA ESTAS COSAS TODAS LAS NOCHES».

Sonrió tristemente.

—Pero era lo único que me quedaba de Andrea.

Durante un tiempo todo parecía ir bien.

Lucía comenzó a adaptarse.

Iba al jardín de niños.

Tenía amigas.

Le gustaban los cuentos de dragones.

Y todas las noches le pedía a su abuelo que le leyera antes de dormir.

Entonces comenzó a enfermarse.

Primero fue el cansancio.

Después aparecieron moretones.

Luego las fiebres.

Los médicos solicitaron estudios.

Y finalmente llegó un diagnóstico que cambió sus vidas.

Leucemia.

Roberto hizo una pausa.

Mi madre comenzó a llorar silenciosamente.

—Desde entonces hemos pasado más tiempo en el hospital que en casa —continuó.

Habló de tratamientos.

De días buenos.

De noches terribles.

De análisis.

De esperanzas que aparecían y desaparecían.

—Hay días en que Lucía se ríe y parece que nada malo está ocurriendo.

Se secó los ojos.

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