Después de escucharla, Mauricio se cubrió el rostro.
Permaneció así durante varios segundos.
Finalmente dijo:
—Yo pensé que sólo estabas de mal humor.
Camila lo miró.
—Papá…
Él negó lentamente.
—Tu mamá me dijo muchas veces que algo estaba mal. Y yo le respondía que eran cosas de la edad.
Se limpió los ojos.
—Debí escucharte mejor, hija.
Camila se acercó.
Lo abrazó.
—No fue tu culpa.
Pero Mauricio negó.
—Debimos estar más atentos. Y tú nunca debiste sentir que tenías que enfrentar esto sola.
Aquella noche hablamos durante horas.
Revisamos los documentos médicos.
Anotamos las próximas consultas.
Acordamos comunicarnos directamente con los especialistas.
Y le prometimos a Camila que nunca volvería a tener que ocultarnos una noticia por miedo a decepcionarnos.
También comprendimos que necesitábamos hablar con Julián.
Lo llamé esa misma noche.
Le pedí que viniera a casa.