Se llamaba Elena Márquez.
Era la instructora principal del programa avanzado.
Siempre había sido amable con nosotros.
—Señora Verónica, qué sorpresa —dijo.
Intentó sonreír.
Yo no pude.
—Vine a ver a Camila.
La expresión de la maestra cambió.
—¿A Camila?
Asentí.
—Sí. Pensé que estaría practicando.
La mujer miró hacia el salón.
Después volvió a mirarme.
—¿Podemos hablar un momento?
Sentí que el corazón se me detenía.
Nos apartamos hacia una oficina pequeña.
La maestra cerró la puerta.
Después me observó con preocupación.
—Señora Verónica…
Hizo una pausa.
—¿Su hija no le ha contado lo que está pasando?
No pude responder inmediatamente.
Durante unos segundos estuve convencida de que estaba a punto de escuchar la peor noticia de mi vida.
Pensé en Julián.
En el automóvil.
En los secretos.
En el llanto de Camila.