EL MEJOR AMIGO DE MI ESPOSO LLEVABA A NUESTRA HIJA DE 16 AÑOS A SUS CLASES DE BALLET TRES VECES POR SEMANA. DE PRONTO, ELLA DEJÓ DE HABLARNOS, ESCONDIÓ SUS ZAPATILLAS Y COMENZÓ A LLORAR A PUERTA CERRADA. UN DÍA FUI A LA ACADEMIA SIN AVISAR Y DESCUBRÍ QUE MI HIJA NO ESTABA ALLÍ. CUANDO SU MAESTRA ME DIJO: «SEÑORA, ¿SU HIJA NO LE HA CONTADO LO QUE ESTÁ PASANDO?», SENTÍ QUE EL MUNDO SE ME VENÍA ENCIMA.

Aquella respuesta me dolió.

Nunca habíamos tenido una relación perfecta.

Discutíamos como cualquier madre y su hija adolescente.

Pero Camila siempre había confiado en mí.

Siempre terminaba contándome lo que le preocupaba.

Ahora parecía levantar una pared cada vez que intentaba acercarme.

Poco después llegó un correo de la academia.

Anunciaban las audiciones para la presentación de fin de curso.

Era una oportunidad importante.

Las alumnas seleccionadas podrían participar en una función especial frente a maestros invitados.

Sabía cuánto había esperado Camila algo así.

Fui a su habitación emocionada.

—¡Hija, ya anunciaron las audiciones!

Ella estaba sentada sobre la cama.

Miraba su teléfono.

No levantó la cabeza.

—Ya sé.

—¿Y qué papel te gustaría intentar conseguir?

Guardó silencio.

—Camila…

Finalmente respondió:

—No voy a participar.

Pensé que había escuchado mal.

—¿Cómo que no vas a participar?

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