—Significa que todavía hay documentos que deben revisarse —dije.
Beatrice apretó los labios.
—Walter estaba enfermo. A veces se obsesionaba con asuntos que no tenían importancia.
—El señor Bennett ha confirmado que estaba lúcido cuando organizó sus asuntos.
Por un instante, vi algo parecido al miedo en su rostro.
Fue apenas un destello.
Pero estaba allí.
—Eleanor, éramos una familia. No quiero que destruyas todo esto por dinero.
Me dolió escucharla decirlo.
No porque yo fuera incapaz de reconocer una preocupación legítima.
Sino porque, durante sesenta y nueve años, había creído que nuestra familia significaba que podíamos hablar con honestidad.
—Yo tampoco quiero destruir nada, Beatrice. Pero tampoco voy a ignorar documentos que pueden afectar a mi seguridad y a mis derechos.
Se levantó.
—Entonces supongo que no hay nada más que hablar.
La acompañé hasta la puerta.
Antes de marcharse, se volvió hacia mí.