PARTE 2 — LA ÚLTIMAKA RAPALABRA

Pero había conseguido algo que antes parecía imposible: empezar a construir una vida en la que su hijo no tuviera que heredar sus miedos.

Aquella noche, mientras regresaba a casa, Harper pasó junto a un restaurante donde un empleado estaba cerrando la puerta trasera.

La nieve empezaba a caer.

Por un instante, recordó el callejón, el abrigo que había colocado sobre Ethan y el teléfono que le temblaba entre las manos.

Pensó en todas las cosas que podrían haber ocurrido si hubiera seguido caminando.

Después continuó su camino.

No se consideraba una heroína.

Solo era una mujer que había escuchado a un niño pedir ayuda y había decidido no mirar hacia otro lado.

Y, a veces, eso era suficiente para cambiar una vida.

Porque aquella noche no fue el dinero de Roman Duca lo que salvó a Ethan. Tampoco fue su poder, ni sus contactos, ni el miedo que inspiraba en los demás.

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