Harper sonrió.
—Dijiste muchas cosas.
—Te pedí que llamaras a mi padre.
—Eso sí lo recuerdo.
Ethan bajó la mirada durante un instante.
—Yo pensaba que, si mi padre venía, todo se arreglaría. Pero ahora entiendo que tú fuiste la primera persona que me ayudó de verdad.
Harper le apretó la mano.
—Tu padre también vino.
—Sí. Pero tú te quedaste antes de que él llegara.
Los ojos de Harper se llenaron de lágrimas.
Roman se acercó y les pasó un brazo por los hombros.
Durante aquellos cinco años, había aprendido que el cambio no era una promesa que se pronunciaba una sola vez. Era una decisión que debía repetirse cada día.
Había tomado decisiones difíciles, asumido consecuencias y comenzado a alejarse de la violencia que durante tanto tiempo había considerado inevitable.
No había conseguido arreglarlo todo.