PARTE 2 — LA ÚLTIMAKA RAPALABRA

El chico tragó saliva.

—Porque le has llamado.

Antes de que Harper pudiera contestar, unos faros iluminaron el callejón.

Un todoterreno negro dobló la esquina a una velocidad alarmante y frenó junto a la furgoneta de reparto.

La puerta del conductor se abrió antes de que el vehículo terminara de detenerse.

Roman Duca salió a la nieve sin abrigo.

Era un hombre alto, de hombros anchos, con el cabello oscuro salpicado de gris en las sienes. Harper lo había visto muchas veces en el restaurante: siempre impecable, siempre acompañado por hombres que hablaban poco y observaban demasiado.

Pero nunca lo había visto correr.

Aquella noche corrió.

—¡Ethan!

Cayó de rodillas al lado de su hijo.

Durante un instante, el hombre al que media ciudad temía pareció incapaz de respirar.

—Hijo mío… mírame. Estoy aquí.

Ethan intentó levantar la mano.

Roman la tomó entre las suyas.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *