—Entonces resuélvelos.
La respuesta lo dejó sin palabras.
Harper no quería dinero ni protección comprada a cambio de su silencio. Quería que Ethan pudiera volver a casa sin temer que alguien volviera a hacerle daño.
Al cuarto día, un detective se presentó en el hospital.
No llevaba uniforme. Se llamaba Daniel Brooks y trabajaba en una unidad especializada en delitos violentos.
Pidió hablar con Ethan en presencia de su padre y de un profesional del hospital.
El muchacho se puso pálido cuando escuchó la palabra «declaración».
Roman se levantó inmediatamente.
—No tienes que hablar si no estás preparado.
El detective asintió.
—Nadie va a obligarlo a declarar ahora. Pero necesitamos establecer qué ocurrió, y cualquier información sobre el ataque puede ayudar a protegerlo.
Ethan miró a Harper, que había llegado unos minutos antes.
Ella no le dijo qué debía hacer.