Harper sintió una punzada de inquietud.
—¿Qué clase de negocios?
—No lo sé. No quiero saberlo. Papá nunca me deja participar. Dice que quiere que vaya a la universidad, que tenga una vida normal.
Ethan hizo una pausa.
—Le dije a mi tío que no firmaría nada sin hablar primero con mi padre.
—¿Y te golpeó?
El muchacho asintió.
—Me dijo que mi padre estaba perdiendo el control. Que, si no hacía lo que él decía, todos terminaríamos pagando las consecuencias.
Harper sintió que la rabia le apretaba el pecho.
—Eso no es culpa tuya, Ethan.
—Pero podría haber hecho lo que me pedía. Quizá así no habría pasado.
—Escúchame bien. Nadie tiene derecho a golpearte porque te niegues a firmar un documento. Nadie. Ni tu tío, ni tu padre, ni ninguna otra persona.
Los ojos del muchacho se llenaron de lágrimas.