Miré hacia Logan.
Su expresión había cambiado completamente.
Ya no parecía arrogante.
Parecía aterrorizado.
Grant intentó intervenir.
—¡Eso es absurdo! ¡Mi hijo jamás aceptaría dinero para hacer algo así!
Pero Logan retrocedió.
—Papá… tenemos que irnos.
Reynolds lo observó.
—Logan, necesitamos saber quién te contactó.
El joven comenzó a temblar.
—Yo no sabía quién era ella.
Mi sangre se heló.
—¿Quién te dijo que me provocaras?
Logan miró hacia la calle.
Después hacia mi hijo.
—Me dijeron que solamente tenía que conseguir que peleara frente a las cámaras.
—¿Quién? —pregunté.
Sus labios temblaron.
—Un hombre. Dijo que necesitaba demostrar que usted todavía podía reaccionar como antes.
Reynolds se acercó.
—¿Te dio su nombre?
Logan negó lentamente.
—No. Pero me enseñó una fotografía.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué fotografía?
Logan tragó saliva.
—Una fotografía de usted con otros soldados, frente a un helicóptero.