Aquella noche, Laura volvió a visitar a Carolina.
—Encontramos pruebas de que su expediente fue alterado.
Carolina la miró sin comprender.
—¿Eso significa que podré ver a Ana?
—Significa que vamos a solicitar una revisión urgente de su caso.
Por primera vez, una pequeña esperanza apareció en los ojos de Carolina.
Pero antes de marcharse, Laura hizo una última pregunta.
—¿Conocía usted al doctor Gabriel Fuentes?
Carolina palideció.
—Sí.
—¿Qué relación tenía con Eduardo?
Sus labios comenzaron a temblar.
—Eran amigos desde la universidad.
Laura sintió un escalofrío.
—¿Y por qué nunca lo mencionó durante el juicio?
Carolina bajó la mirada.
—Porque Gabriel fue quien me dijo que Ana no estaba a salvo.
La investigadora permaneció inmóvil.
—¿Qué quiere decir?
Carolina respiró profundamente.
—La noche en que Eduardo murió, Gabriel estuvo en nuestra casa.
Laura abrió inmediatamente su cuaderno.
—¿Puede explicarme qué ocurrió?