—Érase una vez un hombre que tenía muchísimas cosas, pero había olvidado lo que de verdad importaba.
—¿Era un hombre malo?
Lo pensé un momento.
—Era alguien que había cometido muchos errores.
—¿Y luego qué pasó?
—Un día descubrió que tenía dos tesoros maravillosos. Entonces decidió aprender a cuidarlos.
Lily sonrió.
—¿Como Noah y yo?
—Exactamente como ustedes.
—¿Y se convirtió en un buen papá?
Le acomodé suavemente la manta.
—Lo intenta cada día.
Ella cerró los ojos.
Y, casi dormida, susurró:
—Entonces dile que lo quiero.
Me quedé junto a su cama durante mucho tiempo.
Durante años había creído que tener éxito significaba construir un imperio.
Ahora sabía que la verdadera riqueza consistía en estar presente para quienes amas.
No podía borrar mis errores.
Pero podía decidir no volver a repetirlos.
Y esa segunda oportunidad valía más que todo lo que alguna vez había tenido.