El juez se quitó las gafas.
Por primera vez desde que había comenzado la audiencia, parecía no saber qué decir.
El abrazo que nadie esperaba
Cuando el juez anunció una pausa antes de la sentencia, Marcus se quedó sentado con la cabeza entre las manos.
Los funcionarios le permitieron permanecer unos minutos en la sala mientras se organizaban los siguientes pasos del procedimiento.
Me acerqué a él.
No había planeado abrazarlo.
No había practicado unas palabras frente al espejo.
Simplemente lo vi allí, temblando, con el uniforme naranja demasiado grande para su cuerpo delgado, y recordé que mi hija había tenido diecisiete años.
Marcus tenía dieciséis cuando la mató.
Era un chico que había tomado una decisión terrible, y ahora estaba frente a dos padres cuyo mundo había destruido.
Me detuve delante de él.
—Marcus.
Levantó lentamente la mirada.