Sentí que algo frío me recorría la espalda.
No porque me sorprendiera.
Sino porque Daniel había construido una mentira tan elaborada que incluso su futura esposa desconocía la existencia de cuatro niños.
—¿Te dijo que yo no podía tener hijos? —pregunté.
Vanessa asintió lentamente.
—Dijo que habías sufrido mucho y que no querías hablar de aquello. Que eras una mujer inestable y que prefería no mencionarte para no hacerte daño.
Cerré los ojos un instante.
Ocho años antes, Daniel me había acusado de inventar un embarazo.
Ahora había transformado aquella acusación en una historia en la que yo era incapaz de ser madre.
No había bastado con marcharse.
Necesitaba que los demás creyeran que había tenido razón al hacerlo.
—Vanessa —dije con calma—, no te culpo por lo que él te contó. No podías conocer una verdad que alguien se había esforzado por ocultarte.