—No me lo agradezcas a mí. Cumple con ellos.
—Lo haré.
Durante las semanas siguientes, empezaron las videollamadas breves.
Al principio fueron incómodas.
Daniel no sabía qué preguntas hacer.
Los niños no sabían cuánto podían contarle.
A veces, las conversaciones duraban apenas diez minutos.
Otras veces, Noah hablaba durante media hora sobre los aviones que había estudiado en la escuela.
Daniel nunca pidió que lo llamaran papá.
Y yo nunca les exigí que lo hicieran.
La confianza tendría que construirse como cualquier otra cosa importante.
Ladrillo a ladrillo.
Día tras día.
Capítulo 10: La última verdad
En mayo, recibí una llamada de Thomas.
—Kesha, necesito hablar contigo sobre aquella carta que encontramos en Navidad.
Me senté en mi despacho.
—¿Han descubierto quién la envió?
—No con certeza. Pero he revisado los documentos que conservábamos de aquellos años y he encontrado algo que quizá debas conocer.