Una posibilidad.
Una posibilidad que no dependía de que yo volviera a amar a Daniel ni de que fingiera que el pasado no había ocurrido.
Dependía de lo que todos hiciéramos a partir de ese momento.
Daniel se acercó cuando los niños ya estaban junto al helicóptero.
—Kesha.
Me volví.
—¿Sí?
Parecía buscar las palabras adecuadas.
—No espero que me perdones. No espero que volvamos a estar juntos. Pero quiero que sepas que hoy ha sido el peor y el mejor día de mi vida.
No dije nada.
—El peor porque he visto lo que me perdí. El mejor porque, por primera vez, he visto sus caras.
Lo observé durante unos segundos.
—No confundas conocerlos con merecerlos.
Asintió.
—No lo haré.
—Y no confundas sentirte culpable con cambiar.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Lo intentaré.
—Entonces empieza por hacer lo correcto cuando nadie esté mirando.