Daniel asintió lentamente.
Por primera vez, no discutió.
Entonces recordó algo.
—Hubo una carta.
Mi cuerpo se tensó.
—¿Qué carta?
—Después del divorcio. Recibí una carta que llevaba tu nombre en el remitente. Nunca llegué a abrirla.
Lo miré fijamente.
—Yo nunca te envié una carta después del divorcio.
Daniel se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Te envié documentos oficiales. No una carta personal.
Ambos nos miramos.
Por primera vez en ocho años, existía una pregunta cuya respuesta ninguno de los dos conocía.
Daniel se volvió hacia su padre.
—Papá, ¿guardaste alguna de mis cosas de aquella época?
Thomas frunció el ceño.
—Conservé una caja con correspondencia que llegó a la casa familiar. ¿Por qué?
—Necesito verla.
El general salió de la habitación y regresó unos minutos después con una caja de cartón desgastada.
La colocó sobre una mesa.
Dentro había sobres, tarjetas de felicitación, documentos y fotografías antiguas.