PARTE 2 — EL ASIENTO DE LA VERDAD

—Julian… ¿hipotecaste mi herencia?

Él bajó la mirada.

Aquello fue suficiente.

Respiré profundamente.

—Acabas de cometer el peor error de tu vida.

Cuando aterrizamos en Miami, Daniel me estaba esperando en el aeropuerto acompañado de una investigadora financiera.

Julian se detuvo en seco.

—¿Qué significa esto?

Daniel me entregó una carpeta.

—Elena, conseguimos una orden judicial provisional para impedir nuevas transferencias de los activos en disputa.

Julian comenzó a protestar.

Pero Daniel todavía tenía algo más.

—También descubrimos quién ayudó a preparar los documentos falsificados.

Miré la fotografía que acababa de entregarme.

Sentí que el corazón se me detenía.

Era mi hermana menor, Rebecca.

La misma hermana que había aceptado cuidar a Maya mientras yo viajaba.

Saqué inmediatamente mi teléfono.

Llamé una vez.

Dos veces.

Nadie respondió.

Entonces recibí un mensaje desde el número de Rebecca.

«Elena, perdóname. Julian me prometió que nadie saldría perjudicado. Pero hay algo que necesitas saber sobre Maya».

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