—¿Qué pasó con el dinero?
Él señaló el documento bancario.
—Eso tienes que averiguarlo tú.
Tomé el papel.
Aparecía el nombre de un banco, el número de un fideicomiso y una cantidad que me hizo abrir los ojos de par en par.
Había más dinero del que yo podría ganar en toda mi vida.
Pero lo que me aterrorizó no fue la cantidad.
Fue la fecha de un documento adjunto.
Se habían retirado fondos de la cuenta seis meses antes.
Y la autorización llevaba la firma de Laura.
Mi madre.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Ella tomó mi dinero?
—No puedo asegurártelo. El abogado me dijo que había movimientos que necesitaban explicación. Por eso vine a buscar los documentos originales.
—¿Y por qué me trajiste aquí en secreto?
Mi padre se quedó callado.
—Porque esta casa pertenecía a Ana. Aquí guardó las cosas que no quería que nadie encontrara.