Lo miré durante unos segundos.
No sabía si podía perdonarlo.
Lo que sí sabía era que no volvería a aceptar que nadie decidiera por mí.
Saqué el teléfono.
—Voy a llamar a Clara. Después iremos al banco con un abogado independiente. Y quiero una copia de absolutamente todos los documentos.
Laura asintió.
—De acuerdo.
—Y no volverás a ocultarme nada.
—Te lo prometo.
—No quiero promesas. Quiero pruebas.
Por primera vez, Laura no intentó abrazarme ni convencerme de que todo estaría bien.
Simplemente asintió.
Dos días después, nos reunimos con Clara Méndez y un abogado especializado en herencias.
Revisamos las cuentas, los movimientos bancarios y los documentos originales de Ana.
Descubrimos que una parte del dinero se había utilizado para pagar la investigación sobre Arthur. Otra parte había quedado retenida en una cuenta que Laura controlaba. El resto seguía protegido en el fideicomiso.