Horas después recuperó una grabación de la noche de la explosión.
Isabel aparecía en el pasillo rojo discutiendo con un hombre que permanecía en la sombra.
«Prometiste que Mateo nunca estaría involucrado», decía ella.
El hombre respondió:
«Debiste confiar en mí.»
Conocía aquella voz.
Pero no era Tomás.
Seguimos limpiando el audio.
Entonces Isabel pronunció un nombre.
«Gabriel, esto termina esta noche.»
Sentí que se me congelaban las manos.
Gabriel Serrano había sido mi asesor financiero durante casi 20 años.
Controlaba inversiones, empresas, fundaciones y cuentas que yo casi nunca revisaba personalmente.
Isabel sí las había revisado.
Recordé una carpeta azul que había puesto sobre mi escritorio 2 semanas antes de morir.
«Alguien nos está robando desde hace años», me dijo.
Yo me reí.
Le respondí que Gabriel jamás me traicionaría.
Ella me miró con una tristeza que entonces confundí con enojo.