Mi hija permaneció callada.
Después respondió:
—Está bien. No voy a insistir.
Y colgó.
Durante varias semanas no volvió a buscarlo.
Hasta que una noche Emiliano le llamó.
—¿Todavía tienes ese papel?
—Sí.
—¿De verdad lo entregaste?
—Sí.
—Entonces quiero verlo.
Se encontraron en una cafetería.
Renata le llevó la copia sellada.
Emiliano la sostuvo entre las manos.
Miró la fecha.
Después la leyó.
No dijo nada durante varios minutos.
Finalmente preguntó:
—¿Por qué nadie me dijo que habías hecho esto?
Mi hija no supo responder.
Porque ésa era precisamente la pregunta que llevaba tres años intentando comprender.
¿Por qué nadie había escuchado?
¿Por qué nadie había revisado?
¿Por qué un testimonio entregado antes de la expulsión había desaparecido del expediente?
Renata comenzó a investigar.
Contactó a Ximena, quien ahora estudiaba en la universidad.
Ximena confirmó que también había escrito una declaración.