¡FUI AL HOSPITAL PARA SORPRENDER A MI ESPOSO CON SU COMIDA FAVORITA! PERO SU COMPAÑERO ME MIRÓ CON LÁGRIMAS EN LOS OJOS Y PREGUNTÓ: «ÉL NO TE HA CONTADO NADA, ¿VERDAD?».

Entonces vi a Arnold, uno de los colegas de Ben, acercándose por el pasillo.

—¡Arnold! Menos mal que te encuentro.

Pero él se detuvo frente a mí, completamente pálido.

—Arnold… ¿qué sucede?

Sus labios comenzaron a temblar.

Y DE PRONTO, SUS OJOS SE LLENARON DE LÁGRIMAS.

Me miró como si estuviera a punto de romperme el corazón.

—Él no te ha contado nada, ¿verdad?

EN ESE INSTANTE COMPRENDÍ QUE TODO EL HOSPITAL SABÍA ALGO SOBRE MI ESPOSO… EXCEPTO YO.


La bolsa con la comida se me resbaló de las manos.

Arnold alcanzó a sujetarla antes de que cayera al suelo.

—¿Ben está muerto? —pregunté, sintiendo que me faltaba el aire.

—No. Está vivo.

Me apoyé contra la pared.

—Entonces dime qué está pasando.

Arnold miró hacia las enfermeras.

Después me condujo a una pequeña sala de espera.

—Ben lleva casi un año recibiendo tratamiento aquí.

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